domingo, 18 de agosto de 2013

Chapter 18: Ya no mientas, Parte 1

ACLARACIONES:
· NEGRITA: Lo que dicen los personajes.
· CURSIVA: Lo que piensa Allen.

Esa horrible noche, está impregnada en mi cabeza como una molesta astilla impregnada en el pulgar. Mamá no dejaba de llorar, Richard estaba tirado en el suelo…y el teléfono no dejaba de sonar. Yo estaba sentado al lado del moribundo borracho, vestido de rojo, con los ojitos llenos de lágrimas y las manos ensangrentadas.
Crecí, pasó el tiempo y crecí. Mamá ya no estaba conmigo. ¿A dónde se fue? No tengo ni la menor idea de lo que le ocurrió, pero para cuando lo note le dejaba flores todos los domingos en el panteón. 
No logro recordar que paso después de que viera mis manos llenas de sangre aquella noche, intento buscar en cada rincón de mis recuerdos pero solo me pierdo en un laberinto lleno de tormentas y agonía.     
¿Realmente quería recordar? ¿Había en mi pasado algo mejor que el presente? Solo conocía la simpleza de un hogar pobre, así como el olor y los golpes salvajes de un borracho.
Cumplí 17 años. Salía con muchas chicas a la vez pero era solo una fachada, una forma de sentirme seguro. Tenía sexo con ellas, pero no me sentía bien, no lo disfrutaba, no me sentía feliz…no me sentía yo mismo. Me sentía enfermo, repulsivo, solo. Veía a los chicos y deseaba tocarlos al igual a como tocaba a las chicas, incluso más. Había sentimientos dentro de mí que no lograba comprender y me aterraba la idea de compartirlos con alguien más. Me aterraba la idea de que supiesen mi secreto y el sentir que sus miradas me juzgaban y me condenaban.
-La comunidad lesbiana, gay, bisexual y personas transgénero (LGBT) realizaron una marcha por todo el periférico de la ciudad exigiendo el respeto de sus derechos- Anunciaban de vez en cuando los medios, pero la gente solo abría la boca para decir lo mismo.
-Qué tontería, deberían meterlos a todos en una hoguera para calcinarlos-
-Es una abominación-
-Qué asco-
-Recibirán la furia de Dios-
-Se irán todos al infierno-
Todo el mundo opinaba lo mismo, que era pecado. Pero… ¿Qué se puede hacer cuando eres defectuoso a comparación del resto? ¿Qué puedes hacer, si solo tiemblas de miedo al pensar que te iras al infierno tarde o temprano?
Cumplí 18 años. Me desmaye en la escuela, no pude respirar y el pecho me apretaba con mucha fuerza. Fui llevado al hospital y me realizaron muchos estudios; tenía problemas cardiacos y era posible que se me desarrollara cáncer (Lo cual, para variar, es poco común), y al parecer, había sido hereditario de mi madre. Preguntaron por mi tutor pero no di ningún nombre así que cargaron los gastos a mi cuenta estudiantil donde no tenía ni un solo centavo. Mantuve todo en secreto de Richard y trabajaba horas extras para pagar la cuenta del hospital sin que Richard sospechara.
El doctor también me dio una receta con medicinas escrita en ella, de donde solo compre las más baratas; también dijo que podría vivir unos 8 o 9 años más sin tratamiento, aunque como es lógico de suponerse, gradualmente mi salud deterioraría, pero que si quería una vida larga necesitaría un trasplante de corazón y someterme a quimioterapia. ¿Qué si lo intente? ¿Oh, por lo menos lo considere? Claro que no. Había demasiadas personas esperando un trasplante y mi sangre era rara, lo que me dificultaba más a tener una mínima oportunidad. Además ¿Con que dinero? Pero el medico en verdad se preocupaba por mi e insistió hasta que me termine inscribiendo a la lista de espera para trasplante de corazón. Nunca regrese ni volví a verlo después de eso.      
Estaba seguro que quizá, era obra de Dios el que me pasara todo eso. Que mi madre no estuviese a mi lado, que mi padre me odiara, mi corazón débil y con un posible cáncer a futuro. Todo era un castigo del ser divino, del todo poderoso; porque desear a otro hombre era una abominación.
Richard siempre traía a un chico al departamento, se la pasaban fumando, bebiendo y mirando el futbol. Era un tipo atractivo. Su cabello era rubio, de vez en cuando usaba gafas oscuras para cubrir sus ojos gríseos iguales a los míos, era alto, de tez blanca, con brazos fuertes adornados con un par de tatuajes, y manos grandes. Su nombre era Marco.
A pesar de los insultos de Richard o de sus golpes hacia mí, tan solo verlo alegraba mi día. Incluso el día en el que decidí dejar la escuela para ahorrar dinero. Recuerdo el rostro de Richard cuando lo discutí con él, era feliz y grito en jubilo.
-¡Al fin algo bueno! ¡Más dinero para alcohol! ¡Eres un imbécil, nunca debiste entrar a la preparatoria en primer lugar!-   
Fue entonces que sorpresivamente sucedió. Todavía lo recuerdo. Era ya muy tarde y Richard se quedó dormido frente al televisor, Marco subió las escaleras, camino por el pasillo y abrió la puerta de mi habitación. Yo estaba dormido en mi cama, cuando sentí algo pesado sobre mí. Abrí los ojos y vi su bello rostro muy cerca del mío. Mi corazón palpitaba a mil por hora, mi rostro se enrojecía y mi cuerpo no sentía más que cosquillas. Fue entonces que beso mis labios.
No dijo nada, no pregunto nada ni le importo mi opinión. Para cuando me di cuenta estaba desnudo debajo de mis frazadas, con el cuerpo adolorido y lágrimas bañando mi rostro.       
Desde entonces, siempre que Richard se dormía o no estaba en casa, Marco llegaba a verme y a revolver mis gastadas sabanas lo quisiese o no. Me mantuve callado. De alguna manera eso me hacía feliz y aliviaba mi dolor, así que deje de salir con chicas y me entregaba únicamente a los brazos de Marco. Al igual que Richard cuando estaba sobrio, de vez en cuando decía que me quería y me abrazaba como si fuese a protegerme de cualquier cosa. Aunque, claro, eso jamás paso. Richard encontró los papeles donde me habían diagnosticado cáncer y fallas cardiacas y me golpeo frente a Marco quien no dijo ni una sola palabra. Ese día sus golpes fueron tan fuertes, que me desmaye.
Era un completo estúpido, estaba ciego. Me sentía tan feliz, tan bendecido, tan enamorado. Creía que Marco tenía relaciones conmigo porque me quería, creía que me besaba porque sentía algo especial por mí, creía que tomaba mi mano y me abrazaba porque yo era especial. Dejo de importarme irme al infierno, si podía recibir tal felicidad.
Paso el tiempo. Era de madrugada, estaba por cumplir mis 19 años y Marco me besaba sobre la cama, cuando Richard abrió la puerta de golpe. Marco me empujo y abofeteo mi mejilla, escupió en el piso y se limpió la boca con una horripilante cara llena de repulsión mientas le mentía a Richard, diciéndole que yo le había pedido que subiera a mi habitación para que me ayudara con algo, pero que al final solo había intentado seducirlo.
Yo negaba con la cabeza, mudo y con los ojos llorosos. Richard se levantó la camisa y comenzó  a quitarse el cinturón para tomarlo de las dos puntas. Marco se quedó parado en la puerta con una sonrisa burlona, mientras Richard me veía con asco golpeando mi cuerpo igual que a una fiera gritándome que era un cerdo asqueroso.
Después de eso, no pude moverme de tanto dolor, Marco jamás regreso y Richard no volvió a traer a nadie a casa. A pesar de sus duras palabras, Richard nunca considero echarme a la calle; después de todo era yo quien pagaba la renta, los servicios y su alcohol. Aunque siempre buscaba un pretexto para intentar provocarme.
Lo entendí todo. Si toda mi felicidad se desmorono fue porque no era más que falsedad.
El amor es una fantasía. El amor es una mentira ¡El amor no existe! Es solo un consuelo irreal en un mundo lleno de dolor.
Si mi madre me hubiese amado, nunca me hubiese dejado solo ni hubiese puesto una pesada enfermedad sobre mis hombros. Si Richard me amara, nunca me hubiera puesto una mano encima. Si Marco me hubiese amado, no me hubiera violado desde un principio ni me hubiese traicionado después de haber cautivado mi corazón.
El pequeño chico de mirada grisea parpadeo liberando una amarga lágrima. El aire revoloteaba su blanca melena y su mirada estaba fija en la autopista, que estaba aproximadamente a 8 metros desde donde Allen se sostenía con sus temblorosos, amoratados y delgados brazos. En el suelo, había una concurrida autopista de alta velocidad. Solo tenía que soltarse.  
¡El amor no ha hecho nada por mí! ¡El amor me golpeo! ¡Me violo! ¡Me trato como un animal! ¡Me hizo sentir inútil! ¡Me contagio!

 ¡ME HIZO SENTIR QUE NO VALGO NADA!... ¡ME ENFERMA!      

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