ACLARACIONES:
· NEGRITA: Lo que dicen
los personajes.
·
CURSIVA: Lo que piensa Allen.
Esa horrible
noche, está impregnada en mi cabeza como una molesta astilla impregnada en el
pulgar. Mamá no dejaba de llorar, Richard estaba tirado en el suelo…y el
teléfono no dejaba de sonar. Yo estaba sentado al lado del moribundo borracho,
vestido de rojo, con los ojitos llenos de lágrimas y las manos ensangrentadas.
Crecí, pasó
el tiempo y crecí. Mamá ya no estaba conmigo. ¿A dónde se fue? No tengo ni la
menor idea de lo que le ocurrió, pero para cuando lo note le dejaba flores
todos los domingos en el panteón.
No logro
recordar que paso después de que viera mis manos llenas de sangre aquella
noche, intento buscar en cada rincón de mis recuerdos pero solo me pierdo en un
laberinto lleno de tormentas y agonía.
¿Realmente
quería recordar? ¿Había en mi pasado algo mejor que el presente? Solo conocía
la simpleza de un hogar pobre, así como el olor y los golpes salvajes de un
borracho.
Cumplí 17
años. Salía con muchas chicas a la vez pero era solo una fachada, una forma de
sentirme seguro. Tenía sexo con ellas, pero no me sentía bien, no lo
disfrutaba, no me sentía feliz…no me sentía yo mismo. Me sentía enfermo,
repulsivo, solo. Veía a los chicos y deseaba tocarlos al igual a como tocaba a
las chicas, incluso más. Había sentimientos dentro de mí que no lograba
comprender y me aterraba la idea de compartirlos con alguien más. Me aterraba
la idea de que supiesen mi secreto y el sentir que sus miradas me juzgaban y me
condenaban.
-La comunidad lesbiana, gay, bisexual y
personas transgénero (LGBT) realizaron una marcha por todo el periférico de la
ciudad exigiendo el respeto de sus derechos- Anunciaban
de vez en cuando los medios, pero la gente solo abría la boca para decir lo
mismo.
-Qué tontería, deberían meterlos a todos en una hoguera para
calcinarlos-
-Es una abominación-
-Qué asco-
-Recibirán la furia de Dios-
-Se irán todos al infierno-
Todo el mundo
opinaba lo mismo, que era pecado. Pero… ¿Qué se puede hacer cuando eres
defectuoso a comparación del resto? ¿Qué puedes hacer, si solo tiemblas de
miedo al pensar que te iras al infierno tarde o temprano?
Cumplí 18
años. Me desmaye en la escuela, no pude respirar y el pecho me apretaba con
mucha fuerza. Fui llevado al hospital y me realizaron muchos estudios; tenía
problemas cardiacos y era posible que se me desarrollara cáncer (Lo cual, para
variar, es poco común), y al parecer, había sido hereditario de mi madre.
Preguntaron por mi tutor pero no di ningún nombre así que cargaron los gastos a
mi cuenta estudiantil donde no tenía ni un solo centavo. Mantuve todo en
secreto de Richard y trabajaba horas extras para pagar la cuenta del hospital
sin que Richard sospechara.
El doctor
también me dio una receta con medicinas escrita en ella, de donde solo compre
las más baratas; también dijo que podría vivir unos 8 o 9 años más sin
tratamiento, aunque como es lógico de suponerse, gradualmente mi salud
deterioraría, pero que si quería una vida larga necesitaría un trasplante de
corazón y someterme a quimioterapia. ¿Qué si lo intente? ¿Oh, por lo menos lo
considere? Claro que no. Había demasiadas personas esperando un trasplante y mi
sangre era rara, lo que me dificultaba más a tener una mínima oportunidad.
Además ¿Con que dinero? Pero el medico en verdad se preocupaba por mi e insistió
hasta que me termine inscribiendo a la lista de espera para trasplante de
corazón. Nunca regrese ni volví a verlo después de eso.
Estaba seguro
que quizá, era obra de Dios el que me pasara todo eso. Que mi madre no
estuviese a mi lado, que mi padre me odiara, mi corazón débil y con un posible
cáncer a futuro. Todo era un castigo del ser divino, del todo poderoso; porque
desear a otro hombre era una abominación.
Richard
siempre traía a un chico al departamento, se la pasaban fumando, bebiendo y
mirando el futbol. Era un tipo atractivo. Su cabello era rubio, de vez en
cuando usaba gafas oscuras para cubrir sus ojos gríseos iguales a los míos, era
alto, de tez blanca, con brazos fuertes adornados con un par de tatuajes, y
manos grandes. Su nombre era Marco.
A pesar de
los insultos de Richard o de sus golpes hacia mí, tan solo verlo alegraba mi
día. Incluso el día en el que decidí dejar la escuela para ahorrar dinero.
Recuerdo el rostro de Richard cuando lo discutí con él, era feliz y grito en
jubilo.
-¡Al fin algo bueno! ¡Más dinero para alcohol! ¡Eres un imbécil, nunca
debiste entrar a la preparatoria en primer lugar!-
Fue entonces
que sorpresivamente sucedió. Todavía lo recuerdo. Era ya muy tarde y Richard se
quedó dormido frente al televisor, Marco subió las escaleras, camino por el
pasillo y abrió la puerta de mi habitación. Yo estaba dormido en mi cama,
cuando sentí algo pesado sobre mí. Abrí los ojos y vi su bello rostro muy cerca
del mío. Mi corazón palpitaba a mil por hora, mi rostro se enrojecía y mi
cuerpo no sentía más que cosquillas. Fue entonces que beso mis labios.
No dijo nada,
no pregunto nada ni le importo mi opinión. Para cuando me di cuenta estaba
desnudo debajo de mis frazadas, con el cuerpo adolorido y lágrimas bañando mi
rostro.
Desde
entonces, siempre que Richard se dormía o no estaba en casa, Marco llegaba a
verme y a revolver mis gastadas sabanas lo quisiese o no. Me mantuve callado.
De alguna manera eso me hacía feliz y aliviaba mi dolor, así que deje de salir
con chicas y me entregaba únicamente a los brazos de Marco. Al igual que
Richard cuando estaba sobrio, de vez en cuando decía que me quería y me
abrazaba como si fuese a protegerme de cualquier cosa. Aunque, claro, eso jamás
paso. Richard encontró los papeles donde me habían diagnosticado cáncer y
fallas cardiacas y me golpeo frente a Marco quien no dijo ni una sola palabra.
Ese día sus golpes fueron tan fuertes, que me desmaye.
Era un
completo estúpido, estaba ciego. Me sentía tan feliz, tan bendecido, tan
enamorado. Creía que Marco tenía relaciones conmigo porque me quería, creía que
me besaba porque sentía algo especial por mí, creía que tomaba mi mano y me
abrazaba porque yo era especial. Dejo de importarme irme al infierno, si podía
recibir tal felicidad.
Paso el
tiempo. Era de madrugada, estaba por cumplir mis 19 años y Marco me besaba
sobre la cama, cuando Richard abrió la puerta de golpe. Marco me empujo y
abofeteo mi mejilla, escupió en el piso y se limpió la boca con una
horripilante cara llena de repulsión mientas le mentía a Richard, diciéndole
que yo le había pedido que subiera a mi habitación para que me ayudara con
algo, pero que al final solo había intentado seducirlo.
Yo negaba con
la cabeza, mudo y con los ojos llorosos. Richard se levantó la camisa y
comenzó a quitarse el cinturón para
tomarlo de las dos puntas. Marco se quedó parado en la puerta con una sonrisa
burlona, mientras Richard me veía con asco golpeando mi cuerpo igual que a una
fiera gritándome que era un cerdo asqueroso.
Después de
eso, no pude moverme de tanto dolor, Marco jamás regreso y Richard no volvió a
traer a nadie a casa. A pesar de sus duras palabras, Richard nunca considero
echarme a la calle; después de todo era yo quien pagaba la renta, los servicios
y su alcohol. Aunque siempre buscaba un pretexto para intentar provocarme.
Lo entendí
todo. Si toda mi felicidad se desmorono fue porque no era más que falsedad.
El amor es
una fantasía. El amor es una mentira ¡El amor no existe! Es solo un consuelo
irreal en un mundo lleno de dolor.
Si mi madre
me hubiese amado, nunca me hubiese dejado solo ni hubiese puesto una pesada
enfermedad sobre mis hombros. Si Richard me amara, nunca me hubiera puesto una
mano encima. Si Marco me hubiese amado, no me hubiera violado desde un
principio ni me hubiese traicionado después de haber cautivado mi corazón.
El pequeño chico de mirada grisea parpadeo liberando una amarga lágrima.
El aire revoloteaba su blanca melena y su mirada estaba fija en la autopista,
que estaba aproximadamente a 8 metros desde donde Allen se sostenía con sus
temblorosos, amoratados y delgados brazos. En el suelo, había una concurrida
autopista de alta velocidad. Solo tenía que soltarse.
¡El amor no
ha hecho nada por mí! ¡El amor me golpeo! ¡Me violo! ¡Me trato como un animal! ¡Me
hizo sentir inútil! ¡Me contagio!
¡ME HIZO SENTIR QUE NO VALGO NADA!... ¡ME
ENFERMA!